Llovía
Llovía.
Llovía con fuerza y las gotas formaban una amarga melodía contra el parabrisas. Apenas distinguía la mar desde el acantilado pero su presencia en forma de un aroma salobre se hacía inevitable.
Iban pasando los minutos encadenados, cediéndose el paso con parsimonia. No sabía realmente que hacer ni porque estaba allí pero algo en mi interior me decía que el final de la ruta podía estar cerca.
Me entró un sudor frío. Ese tipo de sudor que aparece y baña la piel cuando se intuye que algo desagradable puede ocurrir en cualquier momento.
Y el momento era este, este presente difuso por la lluvia, una lluvia completa, exuberante, en un mayo que tocaba a su fin.

nipinchonicorto dijo
La lluvia modifica la realidad
11 Junio 2008 | 08:18 PM