Escucho los movimientos del topo y me traen el recuerdo de tus pensamientos más sombríos. Te escondías del mundo, cavabas tu trinchera para defenderte de todo lo exterior. Nunca fue lo suficiente profunda. Múltiples capas de frío lodo lo impregnaban todo y una espesa oscuridad helaba su fondo. Así era tu mundo. Allí era un odioso invasor que mancillaba tu paraíso inexistente, creado entre las húmedas paredes de la fosa. Han pasado los años. Te he vuelto a ver, tu no me has reconocido o no has querido hacerlo. El tiempo crea distancias, dicen, pero las distancias siempre habían existido entra tu realidad y la mía.

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