Ombligo
Siento placer en los ojos, en el resto del cuerpo, contemplando el suave dibujo de tu ombligo, mientras duermes silente, cálida, distante. Los recuerdos se agitan, brotan sin control, me llevan en la niebla a aquellos tiempos en que me sentí el centro del mundo. Ombligo y centro. Mundo y distancia. La niebla se desvanece y lo lejano se acerca. Lo cercano, la distancia, los mundos donde los ombligos son el centro. Pasan los años y las distancias adquieren otras dimensiones. Las personas se transforman, la metamorfosis del cuerpo en distancia. Las preguntas sobre ti, sobre mi, sobre aquel o aquella que ocuparon el infinito y se redujeron a pequeñas ráfagas de viento, en cortinas de baile incierto ante la brisa. Se desliza el alma, se desvanecen los sentimientos, amor, dolor, ausencia. Leí tus cartas y la pereza se apoderó de la estancia, vagando entre ideas frágiles, ideas livianas, sueños dibujados con tinta invisible, con zumo de limón vertido en las heridas. Por el placer en los ojos, contemplo ese suave trazo de tu ombligo, mientras duermes, silente, cálida, distante.
