Quiero decirte tantas cosas que no te digo nunca ninguna. Es el silencio mi palabra. Mi mirada desea transmitirte lo que calla mi boca. Tal vez sean mis dedos, tristes y huidizos, los que mediante caricias, entonen la canción de la piel, la piel de los sentimientos, los sentimientos del alma. Estás ausente, lejana, pero el sonido de los tamtan, de mis dedos, de tu piel, del recuerdo de la armonía que hubo entre nuestras almas, sigue presente. Ese extraño espíritu del pájaro que voló sobre nuestras ilusionadas cabezas. De pluma oscura, con vetas de colores. Pájaro de ilusión, de tristeza, de triste ilusión por el devenir de nuestras almas.